Jesús Inclusivo - Església Protestant Betel - Sant PauAutor: Ignacio Simal, pastor de Betel – Sant Pau

Me enteré a través de una noticia que leí en un diario.  Paul V., una persona que se define como alguien que no escogió ser homosexual, más bien le sucedió lo contrario, ha iniciado un blog* en el que invita a que personas gays publiquen fotos de su infancia junto a una breve presentación. No esperé, visite el blog.

Fui viendo fotos de niños y leyendo sus presentaciones. Niños y niñas “diferentes”. Cuentan sus historias en relación con el momento en que se dieron cuenta que la atracción que sentían era hacia personas de su mismo sexo.  Me emocioné. ¡Qué le voy hacer! ¡Soy así!

Mi pensamiento se trasladó a los espacios en los que me muevo: las iglesias cristianas. Imaginé a niños y niñas “diferentes” en el seno de las familias que conforman nuestras comunidades. Sentados en unos bancos que les vienen grandes, y escuchando predicaciones y comentarios sobre la perversidad de las inclinaciones homosexuales: “los tales irán al infierno”.

A ello se le suma el hecho de que muchos de ellos recibirán “cariñosos” apelativos de su compañeros y compañeras de clase como “mariquita” o “machorra”. Y más tarde, en una sociedad que sigue siendo homófoba , sentirán el dolor que conlleva ser “diferente”.

Llevarán su diferencia en silencio. No se atreverán a comentarlo con sus padres, ni con sus compañeros de escuela dominical y, mucho menos, con sus pastores. Silencio y dolor. Dolor infringido por una sociedad machista y una religiosidad falta de comprensión y llena de terrores y exclusiones eternas.

No es lo mismo lo que siente, por ejemplo, un niño que sustrae  dinero del monedero de su madre, o que se pelea con un compañero, que aquel que se sabe “diferente”. No, no es lo mismo. Lo que se siente por dentro, no es lo mismo. De ninguna de las maneras.

Más tarde, cuando se conozca su “diferencia”, serán sometidos y sometidas a tratamientos pastorales de choque, se les golpeará a bibliazos, se les hablará del poder de Dios, serán enviados a sicólogos y siquiatras concordes con la convención social y religiosa para que “curen” su orientación “desviada”, se les invitará a que conozcan personas del sexo que no les atrae, se relacionen con ellas y, por qué no, contraigan matrimonio. Horror tras horror, error  tras error.

Hasta cuándo seguiremos leyendo la Biblia a la letra, sin respetar los contextos culturales y religiosos en los que se fue pergeñando a lo largo de los siglos. Hasta cuándo no caeremos en la cuenta de nuestra manera selectiva e interesada de leer los textos sagrados. Mientras sigamos leyendo como leemos, estaremos arrojando a la exclusión y al precipicio a muchas personas desde su más tierna infancia. Para finalizar, y arriesgándome a que me acusen de sacar la cosa de madre, citaré un dicho de Jesús con un añadido de mi propia cosecha: “Al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos –diferentes- que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar” (Mt. 18:6).

*Pulsar aquí para acceder al blog que menciono.

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